Cómo construir una cartera de inversión a largo plazo paso a paso
Construir una cartera de inversión puede parecer complicado cuando empiezas. Hay fondos indexados, ETF, acciones, bonos, depósitos, cuentas remuneradas, diferentes índices bursátiles y decenas de estrategias que prometen ser la mejor opción. El problema es que muchas personas empiezan precisamente por el lugar equivocado: buscan primero qué producto comprar y después intentan averiguar qué hacer con él. Una cartera bien planteada debería funcionar al revés. Primero hay que saber para qué estás invirtiendo, cuánto tiempo puedes mantener el dinero invertido, cuánto riesgo puedes asumir y qué pérdidas serías capaz de soportar sin abandonar el plan.
Antes de invertir: lo que debes tener claro
Antes de elegir cualquier fondo, ETF o acción conviene detenerse y responder algunas preguntas básicas. Una cartera de inversión no debería construirse simplemente porque un determinado producto haya obtenido una buena rentabilidad durante los últimos años.
Lo primero es saber cuál es el objetivo de ese dinero. No es lo mismo invertir para complementar la jubilación dentro de treinta años que ahorrar para una vivienda que quieres comprar dentro de cuatro o cinco años.
También necesitas conocer tu situación financiera actual. Si todavía no tienes un fondo de emergencia, tienes deudas caras o tus ingresos son demasiado variables, quizá la prioridad no sea aumentar el riesgo de tu cartera, sino construir primero una base financiera más estable.
Otro punto importante es saber cuánto dinero puedes aportar de forma periódica. Una cartera de 10.000 euros que recibe nuevas aportaciones todos los meses puede evolucionar de una manera muy diferente a una cartera en la que no se vuelve a invertir capital durante años.
Por eso, construir una cartera no consiste en encontrar una combinación perfecta de productos financieros. Consiste en crear una estrategia que puedas entender, mantener y revisar con el paso del tiempo.
Define primero el objetivo de tu cartera
El primer paso para construir una cartera de inversión es definir qué quieres conseguir con ella. Tener un objetivo concreto ayuda a determinar cuánto tiempo puedes mantener el dinero invertido y qué nivel de riesgo puede ser razonable.
Algunas personas invierten para crear patrimonio a largo plazo. Otras quieren complementar sus ingresos futuros, ahorrar para la jubilación o acumular capital para comprar una vivienda.
El objetivo también puede cambiar con el tiempo. Una cartera que tiene sentido cuando tienes veinte años puede necesitar ajustes cuando te acercas a una etapa en la que vas a necesitar utilizar parte del dinero.
Un ejemplo sencillo
Imagina dos inversores que tienen exactamente 20.000 euros ahorrados. El primero sabe que necesitará ese dinero dentro de tres años para comprar una vivienda. El segundo no tiene previsto utilizarlo y quiere mantenerlo invertido durante más de veinte años.
Aunque ambos tengan la misma cantidad de dinero, no necesariamente deberían utilizar la misma estrategia. El horizonte temporal cambia la capacidad de soportar las caídas del mercado.
Si una inversión pierde un 20 % temporalmente, una persona que no necesita recuperar el dinero durante décadas puede disponer de mucho más margen para esperar que el mercado se recupere que alguien que necesita utilizar ese capital dentro de unos meses.
Esta es una de las razones por las que no existe una cartera universal que sea adecuada para todos los inversores.
El horizonte temporal importa más de lo que parece
El horizonte temporal es el periodo durante el cual puedes mantener una inversión antes de necesitar utilizar ese dinero. Puede parecer un concepto sencillo, pero tiene una importancia enorme a la hora de decidir cómo distribuir una cartera.
Cuanto más lejano sea el objetivo, más tiempo tienes para atravesar los periodos de volatilidad que inevitablemente aparecen en los mercados financieros. Esto no significa que una inversión a largo plazo no tenga riesgo, sino que dispones de más tiempo para afrontar las fluctuaciones sin tener que vender necesariamente en un momento desfavorable.
Por el contrario, cuando sabes que vas a necesitar el dinero dentro de poco tiempo, una caída importante del mercado puede convertirse en un problema. No basta con esperar una recuperación si tienes una fecha concreta en la que necesitas disponer del capital.
Corto, medio y largo plazo
No existe una única clasificación válida para todos los inversores, pero puede ser útil dividir mentalmente los objetivos según cuándo necesitarás el dinero.
- Corto plazo: objetivos para los que puedes necesitar el dinero en los próximos años.
- Medio plazo: objetivos que todavía están relativamente alejados, pero que tienen una fecha más o menos definida.
- Largo plazo: objetivos para los que puedes mantener el capital invertido durante muchos años.
Esta separación ayuda a evitar uno de los errores más habituales: invertir todo el dinero de la misma manera independientemente de cuándo vaya a necesitarse.
Una cartera destinada a la jubilación puede tener un horizonte de varias décadas, mientras que el dinero reservado para una entrada de una vivienda puede tener un horizonte mucho más corto. Mezclar ambos objetivos puede hacer que asumamos riesgos innecesarios con dinero que tiene una fecha de uso concreta.
Cómo valorar tu perfil de riesgo
El perfil de riesgo es otro de los pilares sobre los que debería construirse una cartera. No se trata únicamente de saber cuánto riesgo estás dispuesto a asumir en teoría, sino de entender cómo reaccionarías cuando tus inversiones pierdan valor.
Cuando los mercados suben, resulta relativamente fácil pensar que puedes soportar cualquier fluctuación. La situación cambia cuando una cartera empieza a caer y las noticias económicas hablan constantemente de incertidumbre.
Por ejemplo, imagina que tienes una cartera de 30.000 euros y, durante una etapa negativa del mercado, su valor disminuye hasta aproximadamente 24.000 euros. La inversión no ha desaparecido, pero estás viendo una caída de unos 6.000 euros sobre el valor inicial.
La pregunta importante no es únicamente si matemáticamente podrías soportar esa pérdida. También debes preguntarte si serías capaz de mantener tu estrategia sin vender presa del miedo.
Capacidad financiera para asumir riesgo
Tu capacidad para asumir riesgo depende, entre otras cosas, de tus ingresos, tus gastos, tu estabilidad laboral, tus ahorros y el momento en el que necesitarás el dinero.
Una persona con ingresos estables, un fondo de emergencia y un horizonte de inversión de varias décadas puede encontrarse en una situación muy diferente a la de alguien que necesita utilizar sus ahorros próximamente.
Por eso, tener una elevada tolerancia psicológica a las caídas no significa automáticamente que sea conveniente asumir un riesgo elevado. También debe existir una capacidad económica real para hacerlo.
Tolerancia psicológica al riesgo
La tolerancia al riesgo tiene que ver con tu reacción emocional ante las pérdidas y la volatilidad. Dos personas con una situación financiera prácticamente idéntica pueden reaccionar de maneras completamente diferentes ante la misma caída.
Si una caída temporal te lleva a cambiar constantemente de estrategia, vender tus inversiones o buscar productos diferentes cada pocos meses, probablemente la cartera sea demasiado agresiva para ti.
Una buena cartera no debería hacerte sentir que necesitas comprobar las cotizaciones todos los días. La estrategia debe ser suficientemente cómoda como para que puedas mantenerla incluso durante periodos complicados.
Diversificación: por qué no conviene depender de una sola inversión
Una vez definidos el objetivo, el horizonte temporal y el nivel de riesgo, llega uno de los conceptos fundamentales de cualquier cartera: la diversificación.
Diversificar significa evitar que una parte excesivamente grande de tu patrimonio dependa del comportamiento de una única inversión, empresa, sector, país o tipo de activo.
La lógica es sencilla. Si todo tu dinero depende de una sola inversión y esta atraviesa un periodo muy negativo, el impacto sobre tu patrimonio será mucho mayor que si el capital está repartido entre diferentes activos que no se comportan exactamente igual.
Esto no significa que haya que comprar decenas de productos diferentes. Una cartera puede estar bastante diversificada utilizando pocos instrumentos si estos ofrecen exposición a un número amplio de empresas, mercados o activos.
Diversificación no significa comprar por comprar
Es importante no confundir diversificación con acumular productos. Tener diez fondos no garantiza que una cartera esté mejor diversificada que otra que utilice solamente uno o dos.
De hecho, varios fondos diferentes pueden contener muchas de las mismas empresas. En ese caso, el número de productos aumenta, pero la diversificación real puede cambiar muy poco.
Antes de añadir una nueva inversión conviene conocer qué contiene, qué mercado representa, qué tipo de activo utiliza y qué relación tiene con el resto de la cartera.
Cómo elegir la distribución de activos
La distribución de activos consiste en decidir qué porcentaje de la cartera se destinará a cada tipo de inversión. Es una de las decisiones más importantes porque determina buena parte del comportamiento de la cartera cuando cambian las condiciones del mercado.
No existe una distribución que sea perfecta para todo el mundo. La proporción adecuada depende del objetivo, el horizonte temporal, la capacidad para asumir pérdidas y la tolerancia personal a la volatilidad.
Una cartera puede estar formada principalmente por renta variable, combinar renta variable y renta fija, o utilizar otros activos dependiendo de las necesidades concretas del inversor.
Renta variable
La renta variable incluye inversiones como las acciones y determinados fondos y ETF que invierten en empresas. Su principal característica es que su valor puede experimentar fluctuaciones importantes.
A cambio de asumir esa volatilidad, la renta variable ofrece potencial de crecimiento a largo plazo. Por eso suele tener un papel relevante en carteras cuyo objetivo está muy alejado en el tiempo.
Renta fija
La renta fija incluye instrumentos como determinados bonos y fondos que invierten en deuda. Aunque suele asociarse con una menor volatilidad que la renta variable, no significa que esté libre de riesgo.
El precio de los bonos puede cambiar, por ejemplo, cuando cambian los tipos de interés o cuando aumenta la percepción de riesgo de los emisores. Por eso también es importante entender qué tipo de renta fija estás incorporando a la cartera.
Efectivo y liquidez
El dinero que necesitas mantener disponible para gastos próximos no debería confundirse con el capital destinado a objetivos de inversión a largo plazo.
Mantener una parte del patrimonio en productos líquidos puede proporcionar estabilidad y permitir afrontar gastos inesperados sin tener que vender inversiones en un momento desfavorable.
Fondos indexados, ETF y otros productos
Una vez definida la distribución de activos, llega el momento de analizar qué productos pueden utilizarse para llevarla a la práctica.
Los fondos indexados y los ETF son dos alternativas muy conocidas entre los inversores que buscan diversificación y una estrategia sencilla. Ambos pueden proporcionar exposición a un conjunto amplio de activos mediante un único producto.
Sin embargo, no basta con elegir un fondo porque su nombre incluya palabras como "indexado", "global" o "diversificado". Hay que comprobar qué índice sigue, qué activos contiene, cuáles son sus costes y qué nivel de exposición ofrece.
Qué revisar antes de elegir un fondo o ETF
- El índice o referencia que sigue.
- Los activos y mercados en los que invierte.
- Las comisiones y otros costes asociados.
- Si distribuye o reinvierte los dividendos.
- La divisa y la exposición geográfica.
- El tamaño y las características del producto.
- El nivel de riesgo y volatilidad.
Esta comprobación puede parecer menos emocionante que buscar la inversión que más ha subido recientemente, pero suele ser mucho más útil para construir una estrategia coherente.
La importancia de las aportaciones periódicas
Construir una cartera no termina después de realizar la primera inversión. Para muchas personas, las aportaciones periódicas son una parte fundamental del proceso.
Invertir una cantidad determinada cada mes permite convertir el ahorro en un hábito y evita que todo el proceso dependa de intentar acertar cuál será el mejor momento para entrar en el mercado.
Por ejemplo, una persona que establece una aportación mensual puede destinar automáticamente una parte de sus ingresos a su cartera. Cuando los mercados suben, compra con normalidad; cuando bajan, sus nuevas aportaciones permiten adquirir participaciones a precios inferiores.
Esto no elimina el riesgo de invertir ni garantiza beneficios. Lo importante es que transforma la inversión en un proceso sistemático en lugar de depender constantemente de las emociones o de las noticias del mercado.
La constancia puede ser más importante que intentar adivinar el mercado
Intentar determinar cuándo el mercado ha llegado al máximo o cuándo ha tocado fondo es extremadamente difícil. Incluso los inversores experimentados pueden equivocarse al intentar anticipar movimientos a corto plazo.
Una estrategia basada en aportaciones periódicas permite centrarse en aquello que sí puedes controlar: cuánto ahorras, cuánto inviertes, los costes que pagas y la estrategia que decides mantener.
Cómo controlar los costes de una cartera de inversión
Las comisiones pueden parecer pequeñas cuando se observan de forma aislada, pero su efecto puede ser importante cuando se acumulan durante muchos años. Por eso, controlar los costes es una parte fundamental de la construcción de una cartera de inversión.
Dependiendo del producto y del intermediario pueden existir diferentes gastos, como comisiones de gestión, compraventa, custodia, cambio de divisa u otros costes asociados a la inversión.
No se trata de buscar siempre el producto con la comisión más baja. El coste debe analizarse junto con la diversificación, el funcionamiento del producto, los activos que contiene y la estrategia que quieres seguir.
El efecto de los costes a largo plazo
Imagina dos carteras que consiguen exactamente la misma rentabilidad antes de costes. Si una de ellas tiene unos gastos anuales superiores, la diferencia se irá acumulando con el paso del tiempo.
Además, el dinero que se destina a pagar costes deja de estar invertido y, por tanto, también deja de tener la posibilidad de generar rendimientos futuros.
Este efecto puede resultar especialmente relevante cuando el horizonte de inversión es de veinte, treinta o incluso más años.
Cuándo revisar y rebalancear la cartera
Una cartera no permanece necesariamente con la misma distribución que tenía el día en que la construiste. Los diferentes activos pueden subir y bajar a velocidades distintas y, como consecuencia, los porcentajes originales pueden cambiar.
Imagina que inicialmente decides mantener una determinada proporción entre renta variable y renta fija. Si la renta variable obtiene una rentabilidad superior durante varios años, podría terminar representando una parte mucho mayor de la cartera.
El rebalanceo consiste en volver a acercar la cartera a la distribución que habías establecido como objetivo.
El objetivo del rebalanceo
Rebalancear no consiste en intentar adivinar qué activo va a subir más durante los próximos meses. Su función principal es controlar el nivel de riesgo de la cartera y evitar que una determinada parte termine teniendo un peso mucho mayor del previsto.
Por ejemplo, si habías establecido una distribución determinada y una de las partes de la cartera aumenta considerablemente de peso, el riesgo global puede terminar siendo diferente del que estabas dispuesto a asumir inicialmente.
No es necesario modificar la cartera constantemente
Uno de los errores que conviene evitar es revisar la cartera todos los días y realizar cambios cada vez que aparece una noticia económica.
Una estrategia de largo plazo necesita reglas claras. Puedes establecer una frecuencia de revisión o unos límites a partir de los cuales tendría sentido volver a equilibrar la cartera.
La idea es que las decisiones importantes se tomen como consecuencia de tu estrategia y no de las emociones provocadas por los movimientos diarios del mercado.
Rebalancear mediante nuevas aportaciones
Una posibilidad para volver a equilibrar una cartera es utilizar las nuevas aportaciones.
En lugar de vender automáticamente la inversión que ha aumentado de peso, puedes dirigir nuevas cantidades hacia las partes que se encuentran por debajo del porcentaje objetivo.
Esta alternativa puede simplificar el proceso y reducir determinadas operaciones, aunque la opción más adecuada dependerá de las características concretas de cada cartera y de la situación fiscal del inversor.
Una cartera de largo plazo necesita seguimiento, pero eso no significa estar cambiándola continuamente. La revisión debería servir para comprobar que la estrategia sigue encajando con tus objetivos y circunstancias.
Errores frecuentes al construir una cartera
Tener un plan puede ayudarte a evitar algunos de los errores más habituales entre los inversores particulares. Muchos problemas no aparecen por elegir necesariamente un producto incorrecto, sino por no tener una estrategia clara para mantenerlo.
Invertir sin tener un fondo de emergencia
Utilizar para invertir todo el dinero disponible puede dejarte en una situación complicada si aparece un gasto inesperado.
Disponer de una reserva para emergencias puede evitar que tengas que vender inversiones precipitadamente para cubrir una reparación, una pérdida de ingresos u otro gasto imprevisto.
Perseguir la inversión que más ha subido
Que una inversión haya obtenido una gran rentabilidad recientemente no significa que vaya a repetir ese comportamiento.
Comprar únicamente porque algo está subiendo puede llevar a entrar en una inversión sin comprender realmente sus riesgos.
Tener demasiados productos
Añadir constantemente fondos, ETF o acciones puede hacer que una cartera termine siendo difícil de controlar.
Más productos no significan necesariamente más diversificación. En ocasiones, varios fondos pueden tener una exposición muy similar a las mismas empresas, sectores o mercados.
Cambiar de estrategia constantemente
Saltar de una estrategia a otra cada pocos meses puede impedir que mantengas una visión verdaderamente a largo plazo.
Las noticias financieras pueden hacer que parezca que siempre existe una nueva oportunidad que no puedes perderte. Sin embargo, reaccionar continuamente a titulares puede terminar alejándote del plan original.
Invertir dinero que necesitarás próximamente
El dinero destinado a una necesidad cercana no debería asumir necesariamente el mismo nivel de riesgo que el capital que puedes mantener invertido durante décadas.
Si necesitas disponer de una cantidad determinada en una fecha concreta, una caída del mercado justo antes de esa fecha puede obligarte a vender cuando los precios sean inferiores.
Ejemplo práctico para construir una cartera desde cero
Para entender cómo se pueden unir todos los conceptos anteriores, vamos a imaginar el caso de un inversor que quiere construir una cartera con un objetivo de largo plazo.
Antes de elegir ningún producto, esta persona determina cuánto dinero puede mantener invertido, cuándo espera necesitarlo y qué nivel de pérdidas podría soportar sin abandonar su estrategia.
Después establece una distribución de activos que considera coherente con su situación. A partir de ahí busca productos que permitan conseguir esa exposición de una forma diversificada y con unos costes que pueda asumir.
Finalmente establece una cantidad que aportará periódicamente y decide de antemano cuándo revisará la cartera y bajo qué circunstancias la rebalanceará.
Lo importante de este ejemplo no es copiar una distribución concreta. La misma cartera puede no tener ningún sentido para otra persona con unos ingresos, objetivos, edad, horizonte temporal o tolerancia al riesgo diferentes.
El proceso completo
- Definir el objetivo financiero.
- Determinar cuándo se necesitará el dinero.
- Analizar la capacidad y tolerancia al riesgo.
- Decidir una distribución de activos.
- Elegir productos que permitan aplicar esa distribución.
- Establecer aportaciones periódicas.
- Controlar los costes.
- Revisar y rebalancear cuando sea necesario.
Este proceso tiene una ventaja importante: reduce la necesidad de tomar decisiones improvisadas cada vez que el mercado cambia.
Una cartera sencilla puede ser más fácil de mantener
Existe la idea de que una cartera sofisticada debe tener muchos productos, diferentes estrategias y numerosas posiciones. Sin embargo, añadir complejidad no garantiza mejores resultados.
Una cartera demasiado complicada puede dificultar saber cuánto tienes realmente invertido en cada tipo de activo, qué empresas estás teniendo en cartera de forma indirecta o cuánto estás pagando en costes.
Una estrategia sencilla también facilita el seguimiento. Si sabes qué función tiene cada inversión y cuáles son las reglas que utilizas para mantenerla, resulta más fácil continuar con el plan durante los periodos de incertidumbre.
La sencillez no significa que exista una cartera universal. Significa que cada elemento debería tener una razón clara para formar parte de ella.
La cartera debe adaptarse a tu vida
Una cartera construida hoy no tiene por qué mantenerse exactamente igual durante toda la vida. Las circunstancias personales y financieras cambian.
Puedes aumentar tus ingresos, cambiar de trabajo, comprar una vivienda, asumir nuevas responsabilidades, modificar tus objetivos o acercarte al momento en el que necesitarás utilizar parte del patrimonio.
Por eso es recomendable revisar periódicamente si la estrategia continúa teniendo sentido.
Revisar no significa modificar la cartera cada vez que aparece una noticia. La revisión debería centrarse en cuestiones más importantes: si tus objetivos han cambiado, si el horizonte temporal sigue siendo el mismo, si la distribución continúa siendo adecuada y si sigues pudiendo soportar el riesgo asumido.
Cuándo puede tener sentido cambiar la estrategia
Un cambio importante en tu situación financiera puede justificar una revisión más profunda de la cartera.
Por ejemplo, acercarte a un objetivo para el que necesitarás utilizar el dinero puede hacer que tenga sentido reducir progresivamente determinados riesgos. Del mismo modo, un aumento considerable de tus ingresos podría permitirte incrementar tus aportaciones periódicas.
La clave está en diferenciar entre un cambio real en tus circunstancias y una reacción emocional provocada por una subida o una caída temporal del mercado.
No se trata de mantener una cartera idéntica durante toda la vida, sino de evitar cambios impulsivos y modificarla cuando exista una razón real para hacerlo.
Preguntas frecuentes sobre cómo construir una cartera de inversión
¿Cuánto dinero necesito para empezar a invertir?
No existe una cantidad mínima universal que sirva para todos los inversores. Dependerá de los productos disponibles, del intermediario utilizado y de tu situación financiera.
Más importante que empezar con una cantidad elevada es invertir de manera sostenible y no utilizar dinero que necesites para tus gastos habituales o emergencias.
¿Cuántos fondos o ETF debería tener en mi cartera?
No existe un número mágico. Lo importante es conocer qué contiene cada producto y qué función cumple dentro de la cartera.
Un único fondo ampliamente diversificado puede proporcionar exposición a un gran número de empresas, mientras que varios productos diferentes pueden acabar teniendo una exposición muy parecida.
¿Es necesario revisar la cartera todos los días?
Para una estrategia de largo plazo normalmente no es necesario comprobar constantemente las cotizaciones.
Revisar la cartera con demasiada frecuencia puede aumentar la tentación de reaccionar ante movimientos normales del mercado.
Es preferible establecer una frecuencia razonable de revisión y comprobar periódicamente que la estrategia continúa adaptándose a tus objetivos.
¿Qué hago si mi cartera cae?
Una caída del mercado no significa automáticamente que la estrategia haya dejado de funcionar.
Lo primero es comprobar si han cambiado las circunstancias que justificaron la cartera. Si el objetivo, el horizonte temporal y la capacidad para asumir riesgo siguen siendo los mismos, una caída puede formar parte de la volatilidad normal de los mercados.
Sin embargo, si una caída te hace descubrir que no puedes soportar el nivel de riesgo que habías elegido, puede ser necesario replantear la distribución de activos.
¿Es mejor una cartera sencilla o una cartera con muchos productos?
La cantidad de productos no determina por sí sola la calidad de una cartera. Una cartera sencilla puede estar muy diversificada y ser mucho más fácil de controlar.
Lo importante es comprender qué tienes, por qué lo tienes y qué papel desempeña cada inversión dentro de tu estrategia.
Conclusión: construir una cartera es construir un plan
Construir una cartera de inversión a largo plazo no consiste en encontrar una inversión perfecta ni en intentar predecir qué mercado será el ganador del próximo año.
El proceso comienza mucho antes de realizar la primera compra. Primero necesitas definir un objetivo, establecer un horizonte temporal y comprender cuánto riesgo puedes asumir tanto desde el punto de vista financiero como psicológico.
Después puedes decidir cómo distribuir tus activos, buscar productos adecuados, controlar los costes y establecer una rutina de aportaciones que puedas mantener durante años.
También es importante aceptar que habrá periodos complicados. Los mercados no suben de manera constante y una estrategia diseñada para el largo plazo tendrá que convivir inevitablemente con momentos de incertidumbre y pérdidas temporales.
La ventaja de tener un plan es precisamente esa: no necesitas improvisar cada vez que el mercado se mueve.
Una cartera bien construida no es necesariamente la que consigue la mayor rentabilidad durante un periodo concreto. Puede ser mucho más importante que sea una cartera que entiendas, que esté diversificada, que tenga unos costes razonables y que puedas mantener durante el tiempo necesario para alcanzar tus objetivos.
La inversión a largo plazo requiere paciencia, disciplina y una estrategia coherente. No existe una cartera perfecta para todo el mundo; existe una cartera que debe encajar con tus objetivos, tu situación y tu capacidad para asumir riesgo.
Si estás empezando, no necesitas saberlo todo antes de dar el primer paso. Lo realmente importante es construir una base sólida, entender dónde estás poniendo tu dinero y evitar tomar decisiones financieras importantes únicamente por miedo, euforia o por lo que esté de moda en ese momento.
Nota informativa: Este contenido tiene una finalidad exclusivamente educativa y general. No constituye asesoramiento financiero, fiscal o de inversión. Antes de tomar decisiones de inversión, analiza tu situación personal y considera consultar con un profesional cualificado.